Cuerpos punzantes

Hasta el cuerpo más punzante puede ser el más bello de los cuerpos ¿Quién habita realmente su cuerpo? O mejor dicho: ¿qué habita en nuestro cuerpo? ¿No es acaso el instinto animal el que nos salvaguarda de ello creando pinchos? Pero… ¿de qué nos protege este instinto? ¿Para qué sirven esos pinchos que transforman nuestra materia física, sabiendo que su interior alberga la flor más bella de todas? Cojamos pues este instinto y utilicémoslo intuitivamente para la creación; para crear un cuerpo dúctil y mutable que se adapte en cualquiera de los terrenos, pero siempre desde la intuición y la escucha de ese cuerpo. Sólo así florecerá la flor más bella que pueda existir, en cada uno de nosotros.

Por otro lado tomemos esos pinchos como estimulaciones hacia nuestro sistema nervioso, que a su vez estimula nuestro aparato locomotor, que a su vez nos contrae y relaja los músculos, moviendo articulaciones y huesos de manera rítmica y vibrante. Un pincho: una explosión o miles de explosiones. Cada uno escoge sus estímulos, y por supuesto, cada uno escoge cómo utilizar sus pinchos. Sea cómo sea, de una manera u otra la flor florecerá, cuál canto de un pájaro al despertar los primeros rayos de Sol de la mañana.

Estos cuerpos punzantes, estos cuerpos pinchados son interesantes ¿no creen? Al fin y al cabo todos somos aire, y todos somos naturaleza que vive entre naturaleza y que se comporta como la naturaleza.

Reflexiones a través de la práctica coreográfica y la observación de cactus y la preciosidad de su belleza.

Drew Jiménez©