Hofesh Shechter y el espacio sonoro

El ritmo hecho carne. Vibrante, ensordecedora, extasiada, compulsiva y convulsiva, sudorosa, taquicárdica, repetitiva, moribunda, y pasajera, redundante, explosiva e inesperada, transformadora, quebradiza, y constructora de cuerpos sin fin. RÍTMICA, RÍTMICA Y RÍTMICA. Ritmo en silencio y ritmo en sonido, que enmarca y define un espacio habitable, de cuerpos incansables, que crea un espacio fuera de la realidad público vs. escenario. Que crea y define la sensación y el poder de la energía más grande y desconocida del ser humano: el amor. Desmedido, inexplicable, inexplorado, INCOMPRENDIDO.

El espacio navega constante entre vibraciones universales que se definen como sonidos, sonidos que podemos o no captar, a través de todos nuestros sentidos (no sólo nuestros oídos). La danza de Hofesh ampara y defiende la necesidad de ritualizar esas vibraciones, vibraciones lejanas y ancianas, que recuerdan las danzas más antiguas: la sacralización de la tierra que pisamos y el cielo que cae sobre nuestros hombros. Es la perfecta definición de lo que se le llama “control del pulso”. A mi entender: la conexión con los latidos vitales como input para la marcha, para el movimiento:

1)Desobedecer y tratar de ser amigo del pulso significa agarrarse de la mano y crear mi propio pulso, es decir, crear mi ritmo entorno a ese estrecho lazo que mantengo con mi pulso. Juntos pero no revueltos.

2)Entrenar la “auto-escucha” hará que se pueda ejercer la escucha colectiva, activando y único pulso, y por lo tanto, un único ritmo común.

3)Si cada uno se mantiene fiel a su escucha y es tolerante con los demás: FUNCIONA.

4)Lo corpóreo nunca engaña.

5)EL AMOR FUNCIONA EN LOS MISMOS TÉRMINOS.

Hofesh, cuidadoso, inteligente y matemático, selecciona vibraciones que mueven y activan las leyes universales que rigen las emociones y liberan el espíritu: ¿Quién no ha querido unirse a sus danzas en algún momento? Con ejemplos como el de Barbarians, me reafirmo en la constante e inadvertida necesidad de locomoción del cuerpo, de la necesidad imperiosa de volverse loco de vez en cuando, y en la necesidad de enamorarse ¡y mucho! en esta vida.

A seguir bailando,

Drew Jiménez©